Historias

Ciencia, fe y naturaleza en Julio Verne

21 de mayo de 2026 · Ines Silvia Macarena Lambert

Julio Verne, en sus novelas, nos invita a descubrir nuestro mundo con ojos nuevos, a mirar más allá de lo evidente y a reconocer que la aventura está en cada rincón de la vida. Sus personajes, guiados por la ciencia y la imaginación, nos enseñan que la verdadera fuerza no está en la ausencia de miedo, sino en la valentía de enfrentarlo. Nos inspira a tener fe en el conocimiento, en la capacidad humana de superar límites, y a caminar con coraje hacia lo desconocido. Así, cada viaje narrado por Verne se convierte en una metáfora de nuestra propia existencia: un recordatorio de que la vida exige exploración, confianza y la determinación de avanzar, incluso cuando el horizonte parece inalcanzable; como lo plasma a continuación en este bramido de aliento que les otorga Hatteras a sus compatriotas en la parte mas dura del viaje luego de traiciones y dificultades en el trayecto hacia su propósito.

«¡Los cobardes han huido! ¡Los fuertes triunfarán! Johnson y Bell, ustedes son valientes. Doctor, usted tiene la ciencia. Yo tengo la fe. ¡Al Polo Norte! ¡Al Polo Norte!». (Verne,1866).

El grito se eleva como un estandarte en la tormenta: no es solo una orden, sino una confesión de identidad. En esas palabras se condensan la polaridad del viaje —valor frente a miedo, razón frente a creencia— y la voluntad de transformar el deseo en acto. Hatteras no habla solo para mover cuerpos; invoca nombres, roles y certezas para construir una comunidad de impulso: reconoce la ciencia del doctor como ancla de verosimilitud, celebra la valentía de Johnson y Bell como combustible moral, y ofrece su fe como motor último que justifica la empresa.

El llamado al Polo Norte suena entonces menos a destino geográfico y más a promesa de sentido: avanzar pese al abandono, desafiar el límite aun cuando la naturaleza y la propia fragilidad humana conspiran para detenerlos.

En esa mezcla de mandato y plegaria se revela la ambivalencia del héroe verneano: su grandeza nace de la convicción, pero esa misma convicción puede tornarse obsesión si no se mide con prudencia.

En sus obras "Los Ingleses en el Polo Norte" y "El Campo de Hielo" nos muestra a través de la obsesión del Capitan Hatteras por llegar al punto más alto del Polo Norte como un deseo se convierte en una fuerza cegadora. Su propósito, que comienza como un sueño de gloria y descubrimiento, termina revelando el lado oscuro de los deseos. Dejando para reflexionar que cuando la ambición se transforma en obstinación, puede arrastrarnos a la soledad, al sufrimiento, a la pérdida de la razón y al abandono de las personas que nos rodean.

Hatteras no se volvió ni una sola vez para mirar atrás, sino que siguió avanzando en línea recta, llevando la Union Jack de su país atada a su bastón. Sus aterrorizados compañeros seguían con la vista cada uno de sus movimientos y lo vieron empequeñecerse gradualmente hasta parecer microscópico. (Verne, 1866).

Verne utiliza la figura de Hatteras para advertirnos que la grandeza no siempre está en conquistar territorios imposibles, sino en reconocer los límites de nuestra condición. Así, la novela se convierte en una metáfora de la vida misma, nuestros deseos pueden impulsarnos hacia logros extraordinarios, pero también pueden cegarnos, aislarnos y consumirnos si no sabemos equilibrarlos con humildad y prudencia.

Otra cuestión que podemos destacar de Julio Verne es su fascinación por la mezcla de la ciencia y la naturaleza, la lucha constante de si la naturaleza domina al hombre o viceversa. Julio Verne articula una tensión permanente entre la ciencia como herramienta humana y la naturaleza como fuerza autónoma e imprevisible; sus novelas muestran que la técnica amplía posibilidades, pero no garantiza dominio, y que la humildad frente a lo natural es una lección recurrente.

Debemos pararnos a pensar en esa dialéctica constante de Verne, el hombre que busca dominar la naturaleza con ciencia, sin embargo, la naturaleza siempre encuentra la manera ser humilde y que no se puede controlar todo lo que está al alcance de uno. Es una invitación a reconocer que el verdadero progreso no está en someter al mundo, sino en convivir con él, aprender de sus fuerzas y respetar sus límites.

En estas obras de las Aventuras del Capitán Hatteras la obsesión que podemos observar por llegar al Polo Norte nos revela cómo la ambición científica puede convertirse en prejuicio frente a la naturaleza polar. Las condiciones extremas exponen prioridades como salvar vidas o alcanzar la gloria; compartir recursos o acapararlos; respetar comunidades locales o imponer proyectos. La respuesta define la dimensión ética de la acción humana. La ciencia y la ingeniería amplían posibilidades, pero la naturaleza impone límites imprevistos: fallos, riesgos y consecuencias colaterales. La prudencia exige previsión, humildad y planes de contingencia. La obstinación por dominar un entorno (como la de Hatteras) muestra que la valentía sin prudencia puede convertirse en temeridad, con costos humanos y ambientales.

En conclusión, la obra de Verne articula una lección doble: celebra la curiosidad científica y la valentía que impulsan la exploración, pero advierte sobre los peligros de la obsesión humana. A través de Hatteras y de los paisajes extremos —océanos, hielos, volcanes, subsuelos—, Verne muestra que la técnica amplía posibilidades sin garantizar el dominio absoluto; la naturaleza sigue siendo un agente que pone a prueba la ética, la prudencia y los lazos humanos. El mensaje final es ético y práctico: el verdadero progreso exige equilibrio —conocimiento informado, coraje mesurado y humildad frente a los límites naturales— para que la ambición no se convierta en ceguera ni en destrucción.