Cuando escuchamos hablar sobre la novela Cumbres Borrascosas la mayoría sabemos de que se está hablando, quizá lo recuerdas porque lo leíste de joven, quizá te suena porque la autora fue una de las muchas mujeres que tuvo que cambiar su nombre por un seudónimo masculino para que su obra sea publicada o leída, o porque hace pocas semanas se estrenó la película. Sea cual fuere el motivo por el cual lo recuerdes tengo que contarte que esta autora tenía seis hermanos, las cuales dos escribieron novelas junto con ella, y en conmemoración de su aniversario luctuoso quiero recordar a una de ellas: Anne Brontë.
Nacida el 17 de enero de 1820 en Thornton, Yorkshire, Inglaterra — fallecida el 28 de mayo de 1849 en Scarborough, Yorkshire. Fue poeta y novelista inglesa, hermana de las escritoras Charlotte y Emily Brontë, y autora de las novelas Agnes Grey (1847) y The Tenant of Wildfell Hall (1848).
La menor de seis hijos de Patrick Brontë y Maria Branwell Brontë, Anne fue educada en la casa familiar de Haworth y en la escuela Roe Head School. Junto con su hermana Emily, inventó el reino imaginario de Gondal, sobre el que escribieron versos y prosa (este último hoy perdido) desde principios de la década de 1830 hasta 1845. Ocupó brevemente el puesto de institutriz en 1839 y luego de nuevo durante cuatro años, de 1841 a 1845, con los Robinson, la familia de un clérigo, en Thorpe Green, cerca de York. Anne regresó a casa en 1845.
En 1846 Anne contribuyó con 21 poemas a Poems by Currer, Ellis and Acton Bell, una obra conjunta con sus hermanas Charlotte y Emily que autopublicaron. Debido al prejuicio de la época contra las autoras, cada hermana eligió un seudónimo masculino que coincidía con las iniciales de sus nombres reales, Anne publicaba bajo el nombre Acton Bell, mientras que Charlotte y Emily publicaban como Currer Bell y Ellis Bell, respectivamente.
La primera novela de Anne, Agnes Grey, se publicó junto con Cumbres borrascosas de Emily en tres volúmenes (de los cuales Agnes Grey fue el tercero) en diciembre de 1847. La recepción de estos volúmenes, asociada en la opinión pública con la inmensa popularidad de Jane Eyre de Charlotte (octubre de 1847), llevó a la rápida publicación de la segunda novela de Anne (de nuevo como Acton Bell), La Inquilina de Wildfell Hall, publicada en tres volúmenes en junio de 1848.
Anne padecía una salud frágil y sumado a la pérdida de su hermano menor enfermó de tuberculosis hacia finales de año y falleció en mayo siguiente.
Sobre sus obras
En el caso de Anne Brontë, las influencias en Agnes Grey y La inquilina de Wildfell Hall son menos claras que en las obras de sus hermanas. Funciona en gran medida sobre la base de su experiencia como institutriz, que refleja la creencia, heredada de su padre y su enseñanza de la Biblia, según la cual un libro tiene que construir una lección moral. Este sentido del deber, la obligación de atestiguar, son más evidentes en La inquilina de Wildfell Hall, que escribió tras la muerte de su hermano.
La reacción del público es bastante neutral respecto de Agnes Grey, pero más halagadora, aunque algunos lo critican como un libro "totalmente desagradable", "un ataque a la moral y a las buenas costumbres" emanado de "un depravado".
La inquilina de Wildfell Hall, fue criticada en su tiempo incluso por su propia hermana por considerarse que no era “apropiada”, debido a la crudeza del tema, como literatura femenina.
Su estilo
Podemos comparar la escritura de Anne con otras autoras, con sus hermanas: Anne fue considerada la más “realista” y “moral” de las Brontë. Mientras Charlotte y Emily exploraban pasiones intensas y mundos imaginarios, Anne se enfocó en la vida cotidiana y en denunciar injusticias como el alcoholismo y la opresión femenina. Con autoras victorianas: Su novela La inquilina de Wildfell Hall se anticipa a debates sobre independencia femenina y derechos de las mujeres, temas que también tratarían Gaskell y Eliot.
Podemos profundizar aún más y compararlas con autoras muy reconocidas como Jane Austen, si bien pertenecen a épocas distintas, ambas retratan las limitaciones sociales de las mujeres, pero Anne lo hace con un tono más sombrío y crítico.
Anne Brontë fue pionera en dar voz a mujeres que desafían normas sociales. Hoy, autoras como Adichie o Ferrante continúan esa línea, mostrando mujeres que buscan autonomía en contextos distintos. Su realismo moral y social conecta con Atwood y Cusk, que también ponen el foco en cómo las estructuras afectan la vida íntima. El tono sombrío y crítico de Anne encuentra eco en escritoras como Enriquez, que exploran lo perturbador en la vida cotidiana.
Luego de 177 años, Anne Brontë y sus hermanas siguen funcionando como un puente entre la literatura victoriana y las narrativas feministas y realistas actuales. Su obra articula tensiones —moral, social y de género— que atraviesan el siglo XIX y resuenan en autoras contemporáneas que siguen interrogando la autonomía femenina, la vida doméstica y las estructuras de poder.
¿Por qué decimos que funcionan como puente? Pues porque las Brontë abordan matrimonio, dependencia económica, violencia simbólica y la búsqueda de voz propia; problemas que reaparecen en la literatura moderna bajo nuevas formas y contextos. Anne aporta un realismo sobrio y una mirada moral crítica que conecta con el realismo social de autoras actuales; Charlotte y Emily ofrecen, respectivamente, la introspección psicológica y la intensidad lírica que alimentan distintas tradiciones contemporáneas. El uso de narradores femeninos, diarios y cartas en las Brontë anticipa técnicas que hoy se emplean para explorar subjetividades y relaciones de poder desde perspectivas íntimas y fragmentarias.
Obras como La inquilina de Wildfell Hall pueden leerse como precursores de novelas que denuncian la opresión doméstica y reivindican la autonomía femenina. Autoras contemporáneas reutilizan motivos brontëanos —aislamiento, resistencia, moralidad conflictiva— para problematizarlos en contextos poscoloniales, urbanos o posindustriales.
La vigencia de las Brontë no es nostalgia, es evidencia de que ciertas preguntas sobre la libertad, la voz y la justicia siguen abiertas. Presentarlas como puente permite leer tanto la época victoriana como la contemporánea con mayor claridad crítica y reconocer cómo la literatura reescribe sus propias urgencias a través del tiempo.